El optimismo humano

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La clave reside en cómo la persona interpre­ta su alrededor. Esto quiere decir que la interpretación de las experiencias juega un papel importante en la respues­ta biológica. Por esta razón, muchos especialistas coinciden en que el optimismo es una combinación biológica y cognitiva del cerebro sumado al entrono y el ambiente.

Las vivencias del niño desde la cuna son esenciales. Según algunas afirmaciones científicas, las situacio­nes que atraviese una persona en el primer año de vida dejarán una huella imborrable en su inconscien­te.

Estudios acerca del primer vínculo humano madre-hijo, reve­lan que las fallas en este proceso determinarían la capacidad para elabo­rar duelos y la tendencia a la melancolía, el optimismo o el pesi­mismo. Es decir, los niños cu­yas experiencias han sido satisfacto­rias enfrentan la vida con optimis­mo y logran alcanzar sus metas.

Para algunos psicólogos el ambiente creado por la madre es un factor preponderante en la estructuración psí­quica de un niño donde la función materna es de un peso tal que según la magnitud de la perturbación de ese ambiente dependerán los gra­dos de patología de una persona a futuro.

 Sin embargo muchos psicoterapeutas sostienen que en definitiva que ser positivo o negativo obedece a una actitud propia ya que en cada cuestión tendemos a ser de una manera distinta de lo que a veces creemos.

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