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El embarazo requiere de un seguimiento riguroso. El monitoreo del mismo se lleva adelante mediante algunas prácticas médicas desarrolladas en los últimos años que han permitido la detección de anomalías congénitas. Algunas de ellas son:
Ecografía: es la más generalizada y que no supone un riesgo para tu bebé. Se suelen realizar tres durante el embarazo, pero solo es en la segunda -aproximadamente en la semana 18 o 20- donde se detectan si existen mal formaciones fetales. Mientras que en la primera ecografía se mide el grosor del pliegue nucal del feto. En caso de riesgos de alteraciones cromosómicas se le pide a la mujer que realice una amniocentesis.
Amniocentesis: es el diagnóstico certero de la existencia de una anomalía cromosómica que se hace entre las semanas 14 y 18 de gestación. Su método consiste en extraer líquido amniótico que se usa para realizar el mapeo de los cromosomas del bebé o para averiguar la existencia de otras patologías fetales. Este estudio se realiza sobre todo en mujeres mayores de 35 años y es evaluada tanto por el médico como por la madre ya que conlleva un riego de aborto espontáneo del 0,5 y 1%.
Cribado bioquímico: Mide ciertas hormonas de la sangre materna. Se evalúan en laboratorio los niveles hormonales que determinan el índice de riesgo de síndrome de Down o de defectos tubo neural. Es decir que los niveles alterados no constituyen un diagnóstico sino que indican un mayor riesgo. El dato es determinado por una amniocentesis o ecografía de alta resolución. Se realizan entre las semanas 14 y 18.
Biopsia de vellosidades coriales: Se toma una muestra del tejido placentario. Se realiza a partir de la semana 10. Si se realiza antes puede causar defectos graves en el feto. Es menos frecuente este estudio ya que su riesgo de aborto espontáneo es de entre 1 y 2%.
Funiculocentesis: es el estudio de la sangre del bebé que se obtiene mediante una punción de los vasos del cordón umbilical bajo un control ecográfico. Su ejecución es compleja. Se realiza por lo general a partir de la semana 16 y puede realizarse hasta el final del embarazo.
Todas las prácticas de monitoreo y control de nuestro bebé conllevan un riesgo y ninguna está exenta de complicaciones por lo cual algunos estudios se estilan menos que otros. Lo importante es que conozcas de ellos y puedas evaluarlos a futuro con tu médico de cabecera. En el embarazo no debemos dejar nada librado al azar.
