
El estrés nos aleja de un camino sereno y de vivir más y mejor.

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Las incipientes epidemias que azotan al mundo abren un abanico de posibilidades de contagios cada vez más severos. Frente a un peligro real como desconocido a la vez, las personas podemos reaccionar de distintas maneras.
Y el miedo, como explican los psicólogos, es un sentir específico concreto y objetivo que viene de afuera de la persona y se aproxima trayéndole inquietud. A partir de ello se despliegan una serie de medidas defensiva para terminar con dicha situación. Muchos miedos son normales y se vencen con el tiempo, como el temor a la muerte, a la oscuridad y a las enfermedades. Pero estos pueden reactivarse en una situación específica.
Entonces, ¿cómo evitar pasar nuestros miedos a los más pequeños de acuerdo con el contagio de una enfermedad? Para evitar fobias y pánicos en los niños, es conveniente y acertado que los padres tengan presentes algunas sugerencias:
Estar informados sobre los métodos de prevención.
Contener a los niños y ayudarlos con las medidas de protección.
Mantenerlos informados con un lenguaje acorde para su edad cronológica y mental.
No paralizarse. Desplegar las medidas adecuadas contra la enfermedad.
Mantener las medidas de bioseguridad.
No minimizar la situación pero tampoco sobredimensionarla.
Recordar que el miedo puede ser contagioso, incluso de padres a hijos.
El miedo desmedido puede causar terror y pánico.
El niño a partir de los 8 años en adelante, con la información adecuada, puede ser un agente de salud y llevar conocimiento del tema a otros niños favoreciendo así la campaña de prevención.
Aceptar si el niño pide colaborar con la familia en las medidas preventivas.
Ayudar a los niños a pensar y discriminar sobre los contenidos de los testimonios que aparecen en los medios de comunicación.
Tener en cuenta que los peligros reales se combaten con el raciocinio.
Es necesaria la discriminación de las situaciones.
