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Nuestra piel constituye el órgano más extenso de nuestro cuerpo. Pero además de ello, la piel es fiel testigo de todas nuestras emociones. Es por eso que la facioterapia y la neurocosmética ayudan a recobrar la luminosidad de la dermis que se va perdiendo gracias a distintos factores externos e internos principalmente.
Tanto la felicidad como el bienestar muestran un rostro luminoso y bello, mientras que la tristeza y el temor lo exhiben apagado y flácido, además de remarcar líneas de expresión.
La técnica fue creada hace treinta años por el doctor vietnamita Bùi Quôc Châu. Se trata de un método de reflexoterapia facial que, además de servir de apoyo a tratamientos cosméticos, desbloquea puntos energéticos, cerrados a causa de alteraciones emocionales.
Esta terapia ayuda a aliviar afecciones, eliminar el acné, mejorar la celulitis, drenar toxinas, purificar la piel, difuminar las arrugas y mejorar el riego sanguíneo. Además, con el uso a diario de los detectores de puntos energéticos fomenta una regeneración y reestructuración de la epidermis borrando así machas de la piel y atenuar signos de fatiga o efectos nocivos de la radiación de los rayos UVA y AVB.
Es bueno saber que:
- El miedo congestiona los músculos de la frente y los de la cuenca ocular, marcando las denominadas patas de gallo.
- La tristeza dirige las cejas hacia abajo y desarrolla la flacidez del óvalo facial.
- Los disgustos y los enfados marcan sin piedad las arrugas del famoso código de barras, situado sobre el labio superior.
- Las penas otorgan un aspecto melancólico al rostro.
- La alegría y una buena sonrisa iluminan la piel y envuelven la cara con un halo de terciopelo y proporcionan brillo a la mirada.
