
Un informe realizado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades CDC reveló que un 20% de los jóvenes norteamericanos de entre 12 y 19 años -más varones que mujeres- tiene colesterol alto.

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Un estudio publicado en Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism confirmó que ingerir la comida con rapidez induce a comer en exceso. La explicación: cuando se come apresuradamente disminuye la liberación de un determinado tipo de hormonas intestinales responsables de la saciedad, por lo que la sensación de apetito continúa.
Esto se debe a un determinado tipo de hormonas intestinales (GLP1 y PYY), responsables de la saciedad. Según los expertos, después de ingerir alimentos se reducen las concentraciones de algunas hormonas intestinales encargadas de enviar señales al cerebro para dejar de comer. Lo que no se había o no se había tenido en cuenta es el nuevo elemento en la variable de la investigación, la velocidad de ingestión.
El estudio se realizó en el Hospital General de Laiko (Atenas, Grecia). Seleccionaron a 17 individuos que debían realizar una prueba que consistía en consumir un helado de 300 mililitros a distintas velocidades. Los investigadores tomaron muestras de sangre para valorar las medidas de glucosa, insulina, el nivel de lípidos en el plasma y las hormonas intestinales. El estudio de panel permitió el análisis antes, durante y después de la comida.
Los investigadores descubrimos que cuando se ingería el helado en 30 minutos en vez de en cinco las concentraciones de ambos péptidos intestinales (GLP1 y PYY) era mayor y la sensación de saciedad se presentaba antes. Por tanto, comer despacio es uno de los consejos para pacientes con obesidad. De esta forma uno siente menos apetito.
