Padres de fierro a pesar del divorcio

Un divorcio puede ser una situación muy traumática en la vida de algunos niños. Generalmente, la separación de los padres es vista por los hijos como una “crisis”. Cuando son más pequeños tienden a sentirse culpables del conflicto entre sus padres por cosas como “no haber hecho la tarea” o “no haber comido”.

Sin embargo, si los padres saben tomar las medidas correspondientes, no deberían tener más problemas que los hijos de parejas casadas. Lo importante es que los padres conozca que generalmente una separación es vista por los hijos como una “crisis”. Cuanto más pequeños son tienden a sentirse culpables del conflicto entre sus padres por cosas como “no haber hecho la tarea” o “no haber comido”. Muy en cambio, en los adolescentes pueden verse efectos más graves si el asunto no se trata con cuidado, llegando a la depresión, problemas escolares e inclusive, en casos muy extremos, abuso del consumo de drogas o alcohol.

Pese a esto, especialistas intentan desmitificar el hecho de que los hijos de padres separados sean más infelices que los hijos de padres casados. Uno de ellos, es la psicóloga infantil Francisca Montedónico quien señala en declaraciones virtuales que “las rupturas violentas conllevan mayores probabilidades de que los niños comiencen a tener conductas agresivas o depresivas. Pero no es que esto sea una ley, porque hay miles de chicos que llevan una vida totalmente normal”, afirma.

Montedónico considera que para que los niños no sean los principales afectados debe existir un trabajo muy arduo por parte de los padres. “Deben ser generosos y capaces de poder dejar las diferencias de lado y que aunque la relación de pareja se haya quebrado, puedan seguir vinculados en el cuidado de los hijos”, dice la psicóloga.

Lo ideal es que se les cuente a los hijos la situación de una forma adecuada de acuerdo a la edad, además de darles el tiempo suficiente para que asimilen y entiendan la nueva realidad. También es importante que la información sobre la separación sea dada al hijo por ellos mismos y no por terceras personas.

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