La belleza de la rosa

Ya en el año 77 Plinio hizo una lista de más de treinta trastornos que podrían tratarse con preparados a base de rosa. Pero no fue el único, también el galeno árabe Avicena preparaba ungüentos con agua de rosas por sus propiedades astringentes y antiinflamatorias para la piel.

Por sus propiedades calmantes, rejuvenecedoras y regeneradoras, la rosa se convierte en la  gran emperatriz de la belleza. La encontramos en base de cremas, aceites, perfumes, velas aromaterapéuticas y hasta en refrescos.

Desde el lenguaje simbólico, la rosa es la flor de la regeneración, una propiedad que alcanza su máxima expresión en el aceite de rosa mosqueta, un aliado directo si deseas atenuar y mejorar el aspecto de cicatrices o estrías, además de prevenir la aparición de marcas por quemaduras leves o manchas cutáneas.

Otra de las propiedades que convierten a la rosa en una apuesta segura a la hora de embellecernos es su alto contenido en vitamina C. Este componente que se encuentra presente en el escaramujo, el fruto de la rosa silvestre, repara las finas líneas de expresión.

Una de las mejores maneras de aprovechar los beneficios de las rosas es apostar por productos que contengan una alta concentración de este componente. Sin duda y tal como indican farmacéuticos y esteticistas, el sérum o los sueros son un elixir ultraconcentrado que aporta luminosidad y firmeza instantáneas. Lo mejor es aplicarlos por la noche con un suave masaje sobre la piel limpia y antes de la crema.

Notas relacionadas:

1 comentario »

Deja un comentario